Día 17

flechas opuestas

24 de mayo

Últimamente cambio mucho de opinión. No es algo nuevo en mí, siempre tuve cierta tendencia hacia la indecisión. Pero en las últimas semanas, debo decir que he notado un preocupante incremento y me voy con el primero que me ofrezca un razonamiento contundente o un argumento sólido.

Por poner un ejemplo, no puedo decidir si las cosas en el mundo están bien o se están yendo al carajo (antes lo tenía bastante claro). Hay argumentos muy buenos de ambos lados.

En lo que respecta a lo personal, a lo íntimo, me persigue siempre esa nube tormentosa (no quiero usar un término técnico porque no viene al caso) que me impide decidir qué hacer con mi vida ¿Debería quedarme tranquilo donde estoy o debería irme, moverme? La decisión de cambiar siempre ha sido la más razonable, pero hoy dudo (raro). Mi preocupación es siempre la misma: temo quedarme atrapado entre dos aguas y no poder elegir ni una cosa ni la otra. El siempre tan temido Limbo me acecha. Porque lo que importa realmente no es el cambio en sí sino más bien la elección. La gente, muchas veces, piensa que lo que les cuesta es cambiar, que le dan miedo los cambios. Pero a decir verdad, lo que realmente les complica la existencia es esa parte en la que tienen que elegir. Es la elección entre dos o más opciones lo que más temen.

El mayor problema de toda esta situación, claro está, es que la indecisión se traslade al avance de la novela y no pueda, en un momento dado, elegir, por ejemplo, qué camino debería tomar la trama o que elecciones deberán afrontar mis personajes, etc. Al final no quisiera tener que recurrir a lo que yo llamo el camino Conan Doyle. Es decir, tener que optar por aquello de Elige tu propia aventura y que haya diferentes tramas y diferentes opciones para cada uno de los personajes. Y, por supuesto, muchos desenlaces posibles, todos igualmente buenos. Quisiera que si llego a ese límite sea sólo en mi vida. Me gusta mantener las opciones abiertas en lo personal. Me gusta la indecisión y me gusta tener que tomar decisiones; tener que elegir me da vida. Me activa las neuronas. Pero en lo que respecta a mis personajes no me atrevo a ponerlos en semejante situación. Eso de que los personajes, una vez creados, cobren vida y se muevan por sí solos me parece una negligencia. En mi caso prefiero que se ajusten al guión. Para las elecciones ya estoy yo y esa es la pata que mantiene de pie esta mesa.

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