Día 32

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5 de septiembre

Y así, para no perder la costumbre de ir siempre a la contra y además por el simple placer de cambiar, que siempre es algo que le ha gustado, el escritor ha decidido que, a partir de este momento va a abandonar en sus textos el uso de esa primera persona que tanto se ha extendido en los últimos tiempos y que poco a poco parece querer abarcarlo todo.

Va a cambiar, piensa el escritor, hacia una tercera persona que se aleje de esa literatura del yo que, es verdad, durante mucho tiempo le ha gustado leer en algunos escritores que saben hacer un uso excelente de la misma, pero que, poco a poco parece ir perdiendo la fuerza de antaño. Quizás debido a que cuando algo se usa mucho termina por desgastarse y perder el brillo que tanto encandilaba.

Además, últimamente, al escritor se ha dado cuenta de que cada vez más gente le pregunta por las cosas que escribe, como si le hubiesen sucedido de verdad, incluso cuando él ha siempre intentado que sus textos fuesen lo suficientemente exagerados como para alejar cualquier tipo de duda sobre la veracidad de los mismos. Pero no hay caso, piensa el escritor. Aún hoy, siglos después de aquellos primeros experimentos literarios en primera persona, los lectores siguen identificando el yo literario con el autor. Y aunque esto nunca le ha parecido un problema grave, sí que siente que cada vez le cansa más y ya no le hace tanta gracia.

Así que ahora (incluso en este diario que desde sus comienzos ha sido un ejercicio del yo) el escritor ha pensado que lo mejor para él será escapar a los tentáculos omnipresentes de la literatura personal y crear un personaje que lo haga todo por él. Un personaje que, sin duda, no llegará nunca a ser un influencer, pero sí que levantará con orgullo el estandarte de heroico defensor de la ficción por la ficción. Y además, con cierto orgullo, saldrá por ahí a reivindicar aquel lema hoy tan olvidado que aseguraba que todos los personajes y los eventos que se presentan a continuación son ficticios y cualquier similitud con la realidad que el lector quiera encontrar fue, es y será pura coincidencia.

Y sin más, ahora sí, el escritor, con su nueva camiseta blanca con letras negras (como una hoja que nunca está en blanco), en la que se puede leer un gran “él” en lugar del tan orgulloso “yo”, se va a dar un paseo por su ciudad con la intención de disfrutar de este nuevo anonimato.

Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen

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